(GEMA)

texto: Elena Mendizabal.

He de decir que me cuesta hablar del trabajo artístico de Gema separándolo de ella como persona y que mientras miro de nuevo sus obras, más importante me parece tener en cuenta sus palabras en la presentación en T-Festa. Además, recorriendo las fotografías noto que crece el cariño que tengo por las obras, pero más misteriosas me parecen por la cantidad y diversidad de referencias a las que apuntan los títulos y las anotaciones y también por su propia variedad. Literatura, cine, pintura, historia, vida cotidiana… guiños culturales y enigmas cifrados en palabras con los que alguna persona podrá sonreír y ensanchar aún algo más sus pulmones inspirando más ampliamente debido al placer experimentado por la suavidad, claridad y afecto del trazo y trato que transmiten sus esculturas, fotografías y dibujos.

Si tuviera que destacar dos cualidades en Gema, éstas serían la intensidad y determinación que transmite en persona y que marcan todo lo que hace. Creo que tiene la virtud de hacer que todo lo que emprende, ya sea vigilar en un museo o gestionar y dirigir una película, tome el carácter de algo que tiene un significado especial que se recorta de una manera nítida y brillante como figura sobre un fondo que es tanto técnico como existencial. Un objetivo al cual le dedica el total de su atención disciplinada, pautada, metódica, su carácter de artista. Y es que da la impresión de que gracias a esa dedicación intensa y casi maquínica en la que toda su persona se compromete, aquello a lo que se dedica puede ponerse a distancia, puede ser observado como algo objetivo que marca su carácter y le da una individualidad incuestionable.

Gema y yo formamos parte casi de la misma generación. Digo casi porque yo me considero una artista de los años ochenta y sitúo a Gema en los noventa. Y el arte de los noventa lo veo así: frío, conciso y objetual u objetivado… heredero del minimalismo y pop y del arte conceptual. En él muchas veces las cosas de la realidad, categorizadas, definidas como compendios estables de cualidades, son una referencia estable y a la vez equívoca respecto a la cual los artistas pueden marcar diferencias en un hacer rebelde que tiene un aire punki y ligero poco dado al dramatismo. Y así es mucho de ese arte prístino y legitimado objetualmente: un arte que en tanto que cosa presenta unas exigencias para la ejecución y formalización que permiten sistematizar procesos y hacerlo sentir cerca de la racionalidad de los objetos y procesos del diseño.

Duro, brillante, ordenado, preciso, geométrico, repetitivo, limpio, valioso son cualidades del diamante. Como el peral da peras, Gema hace arte. Cada obra un reto, cada obra un trabajo concentrado y cada obra un misterio. Una pregunta más esencial que retórica que me surge al ver sus trabajos es: ¿es arte? Desde luego las obras de Gema están en los límites y casi nunca, o al menos no desde hace algún tiempo, en una única disciplina, aunque reconozco en su hacer el laconismo propio de la escultura y el ensueño del cine. ¿Es pegar cello en círculo una y otra vez haciendo una forma más y más grande hacer escultura? No hay ninguna representación, no hay composición ni ninguna forma elegida, únicamente la que surge de enrollar, la que se genera simplemente por la acción. Pero es lo irreductible de la operación, el que no tenga otro propósito que generar una forma previsible pero a la vez única, el que Gema opte por esa renuncia, se excluya todo lo que no dé lugar a la escultura y falte cualquier otro propósito, todo eso se me ocurre que es lo que hace de este trabajo un arte puro. Y siempre hay en el trabajo de Gema un componente de renuncia del gesto, un ponerse ella al servicio de la misión que es la obra. Y así me parece que para ella el arte es como una travesura del destino o como una afirmación irónica que se justifica por algo más elevado que existe casi con independencia de sí misma: la objetividad de la forma y del sentido que contiene y sostiene su enorme pasión en la confianza y creencia de que en la nitidez y en la determinación de la acción llegará a alcanzar el arte.

Y al escuchar a Gema me gusta su risa, cómo se ríe de las cosas y de sí misma, de las peripecias de la vida reconociendo lo arbitrario y lo casual. Al hablar de sus trabajos me agrada cómo acaricia cada detalle, cada anécdota, el motivo de las decisiones que ha tomado, la frase que ha elegido, cómo respeta y dignifica su singularidad. Aprecio que tiene un gran respeto no exento de humor por lo obstinado de la vida, de la experiencia y el misterio; por lo inexplicable, lo que no se ajusta a la frase común, lo que no admite traducción ni síntesis, lo que es es lo que es y es irreductible; lo que se pone en el papel y nadie más que ella sabe cómo ha llegado a él. En la última exposición, The runer´s cut, nos ha puesto ante textos, y al verlos mi inclinación es querer entender, querer ver discurso, ¡pero no!… imposible: no estamos ni ante una novela, ni ante una poesía, aunque tenga algo de lo primero, y es que, como siempre, la obra nos hace gozar con su ejecución y con su presencia física, en este caso con la tipografía, fina y limpia como el trazado de un cristal. De nuevo la diferencia respecto a lo genérico, la afirmación de lo único.

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2 Respuestas a (GEMA)

  1. leire dijo:

    ze textu polita Elena
    mila esker benetan

  2. leire dijo:

    ze mamitsua, ze betea eta
    ze bihotz


    berrirakurtzeko, berrirakurtzeko…

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