Recuerdos serigrafiados

Uno de mis recuerdos más remotos, unas bolitas negras bailan en burbujas de plástico, son los ojos del gato Silvestre estampado en camiseta.

La camiseta del fanzine del pueblo, con estética soviética que estaba de moda entonces, las letras cirílicas con regla y compás. Dos tintas, rojo y negro. Algunos la compran, amigos, modernos.

Las camisetas reivindicativas de la adolescencia, siempre buscando una vuelta, un atisbo de ironía, no soy parte del rebaño, ni siquiera del de las ovejas negras.

Aquella camiseta de una marca de ron que me reglaron en el bar donde pasé tantas noches, de una calidad desconcertantemente buena para ser de publicidad, muy bonita, llamativa, mil colores, tropical, casi una camisa hawaiana.

Camiseta del concierto al que fuimos, sentirte en la onda, predicar la palabra de Dios a través del grupo de rock de tu camiseta.

Mis diseños en camisetas, los llevan personas en la ciudad donde vivo ahora, desconocidos, ¡qué sorpresa! Ganas de decir: – Hola, ¿sabías que la he diseñado yo?

La camiseta de Conssonni diseñada por Begoña Muñoz. La camiseta del curso de Arteleku, fuimos Txelu y yo caminando por el monte hasta un Decathlon perdido para encargarlas, que tenga textura de fieltro, las letras. La camiseta de AMASTE, mezcla de rabiosa tendencia e ideología marcada. La camiseta de Serie B, un gran lobo de colores, azul turquesa, rosa, amarillo. ¡Las camisetas de Riot-Flesh! Dibujos de trazos hechos a mano, sexo libre.

Esta es la historia de mis camisetas, la historia de mi segunda piel.

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